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CON EL PASO DEL TIEMPO
El agua, un problema de 25.000 años
La situación geográfica de Cáceres ha supuesto siempre un quebradero de cabeza para los responsables de abastecer a la ciudad
10.12.07 - 08:08 - CLAUDIO MATEOS
Desde los hombres que pintaron Maltravieso hace 25.000 años hasta los ingenieros de la Confederación Hidrográfica del Tajo que han diseñado el trasvase de Portaje, el problema de Cáceres siempre ha sido el mismo: conseguir agua. Su ubicación en un paraje sin ríos ni lagunas naturales, con apenas un arroyo, el del Marco, corriendo a los pies de la Montaña , ha hecho devanarse los sesos a todos aquellos sobre cuyas espaldas ha recaído a lo largo de los siglos la responsabilidad de abastecer a la población de un recurso tan básico como insustituible. Construyeron aljibes, cavaron pozos, levantaron presas y, cuando la tecnología lo permitió, hasta se trajeron el preciado elemento desde ríos situados a kilómetros de distancia. Aun así, el problema persiste.
El Gobierno de España y sus copartidarios del Ayuntamiento de Cáceres aseguran haber dado con una solución que, si bien puede no ser definitiva, sí solucionará el abastecimiento para varias próximas décadas. Según los técnicos de la Confederación HIdrográfica del Tajo (CHT), el trasvase de 65 kilómetros desde la presa de Portaje hasta la del Guadiloba tendrá capacidad para aportar a la ciudad hasta 48 hectómetros cúbicos al año, cuando las necesidades reales se vienen manteniendo en unos 11 hectómetros cúbicos.
Mañana martes se pondrá la primera piedra de una obra que, pese a todas la suspicacias levantadas tanto por su elevado coste como por la repercusión que tendrá en los recibos del agua, se ha impuesto finalmente a la opción defendida por los anteriores gobiernos nacional y local, ambos del PP, que apostaron claramente por construir una presa en el río Almonte.
Desde el origen
Entre quienes dudan de que Portaje vaya a ser una solución definitiva se encuentra Francisco Plaza, jefe de los servicios técnicos del Ayuntamiento, quien el pasado 27 de noviembre analizó la historia del abastecimiento de la ciudad durante unas jornadas en la Escuela Politécnica. El inicio de su ponencia ya daba una idea de lo que vendría después: «Al contrario de lo que ocurre en la mayoría de los asentamientos humanos, los orígenes de Cáceres no están ligados al agua».
Durante siglos, el arroyo del Marco fue la única fuente de agua para los primeros cacereños, con la única salvedad de algunas canalizaciones que se han fechado en la época romana. Fue en el Cáceres musulmán cuando se comenzaron a levantar construcciones encaminadas a almacenar y conducir el agua. De aquel entonces quedan sobre todo los aljibes, el más famoso de ellos el que se encuentra en los bajos del Palacio de las Veletas, aunque hay otros como el recientemente descubierto junto a la torre de los Pozos.
La reconquista cristiana supuso acabar con la mayor parte de aquellas arquitecturas, y se pasó a un sistema autosuficiente que llevaba implícito que cada uno de los palacios y casas señoriales buscase garantizar su propio abastecimiento. Lo hicieron por medio de los pozos y aljibes que aún hoy se conservan en la parte antigua, mientras el pueblo llano, que vivía fuera de las murallas, seguía surtiéndose del agua del Marco.
Ya en los Fueros de Cáceres se ordenó el aprovechamiento del agua, y en 1494, con los Reyes Católicos, una ordenanza lo reguló de forma exhaustiva, distinguiendo incluso entre el agua de la rivera del Marco y la de las fuentes destinadas al consumo humano, como la Fuente del Concejo, Fuente Fría o Agua Vivas, algunas de ellas todavía en uso a día de hoy.
Entre los siglos XVI y XIX casi nada cambió, pues la población se mantuvo estable entre 6.000 y 8.000 habitantes y no nacieron nuevas necesidades. Fue la modesta revolución industrial que vivió Cáceres con el descubrimiento de las minas de fosforita lo que hizo necesario un sistema de abastecimiento de agua más moderno.
La ribera del Marco no daba más de sí, de modo que se recurrió a las propias minas del calerizo, pozos naturales donde se acumulaba el agua, que era llevada hasta el centro de Cáceres en lo que fue el origen de una red de abastecimiento. Era un agua muy dura, con una alta concentración de cal, pero el Gobierno Civil de la época la declaró potable.
La Compañía de Aguas
Hacia el año 1900 Cáceres había alcanzado los 13.400 habitantes, y había que cubrir sus necesidades. Dos ingenieros belgas crearon la Compañía de Aguas de Cáceres, que reclamó para sí la propiedad del agua del calerizo. Tras firman un contrato con el Ayuntamiento, creó una red de conducciones para el abastecimiento domiciliario y de las siete fuentes públicas del centro de la ciudad, que estaban en las plazas Mayor, marrón, Santa Clara, del Aire, de la Audiencia , San José y las Delicias.
Las obras se llevaron a cabo entre los años 1899 y 1900, a la vez que las de Trujillo, que por aquel entonces tenía 12.000 habitantes.
Unos años antes, en 1895, se había proyectado construir una presa de 30 metros en Fuente Vadillo, que contaría incluso con una central eléctrica, pero nunca llegó a realizarse. En 1916 el Ayuntamiento, disconforme con el servicio que prestaba la Compañía de Aguas, encargó al ingeniero Pérez Cossío que estudiara el posible abastecimiento desde sierras cercanas. Propuso construir una pequeña captación en Montánchez cuyo coste estableció en 30.000 pesetas, pero al igual que había ocurrido con la presa de Fuente Vadillo, tampoco se hizo.
Otro ingeniero, Pedro García, retomó el estudio de Pérez Cossío y determinó que lo mejor era embalsar el agua en la sierra de Montánchez y conducirla después hasta Cáceres. Cifró el proyecto en cinco millones y medio de pesetas, pero el Ayuntamiento lo aparcó al considerarlo demasiado caro.
«El abastecimiento de agua en Cáceres es una sucesión de grandes ideas nunca llevadas a cabo», señaló Francisco Plaza durante su ponencia en la Politécnica.
A estos estudios les sucedieron otros, como el llevado a cabo en 1927 por Hernández Pacheco para conocer la capacidad de almacenamiento del agua infiltrada en el calerizo. Determinó que se trataba de un gran recipiente natural en el que confluían varios manantiales principales, y del que se podrían sacar unos 50 litros por habitante y día.
La sequía de 1945
Nadie volvió a acordarse de este estudio hasta una nueva gran sequía que asoló a la ciudad en 1945. El ingeniero Salvador Canals estableció entonces que del calerizo se podría obtener bastante más agua que la predicha por Hernández Pacheco y, esta vez, sí el Ayuntamiento se puso manos a la obra. Lo primero que hizo fue, en 1949, rescindir el contrato con la Compañía de Aguas, que en 50 años no se había preocupado nunca por mantener en buen estado la red de canalización, con lo cual el servicio se municipalizó.
Un año después se redactó el proyecto para traer el agua desde el calerizo. El Ayuntamiento encargó la obra al ingeniero Félix Candela. Entre tramitaciones y obras pasaron nueve años y la inversión total fue de 30 millones de pesetas, de los cuales el siete por ciento fue para el sistema de captación de los pozos, el 23 por ciento para la planta de tratamiento (la primera que tuvo la ciudad) y nada menos que el 70 por ciento para renovar por completo la red de suministro, desatendida durante 59 años por la Compañía de Aguas.
Los llamados pozos de San Jorge, situados en la parte alta de la paseo de San Francisco, han estado abasteciendo a una parte de la ciudad hasta hace tres años, cuando se decidió que toda el agua para consumo humano procediera del Guadiloba. Incluso hoy se usan para la red no potable, con la que se baldean las calles y se riegan los parques y jardines.
Fue el sistema que abasteció a Cáceres hasta los años setenta, cuando la ciudad alcanzó los 56.000 habitantes y fue necesario buscar, de nuevo, más agua. La opción elegida fue el embalse del Guadiloba, construido en 1972 con varios cambios respecto al proyecto inicial, al igual que el depósito de la Montaña.
Duran te 20 años cubrió las necesidades de una ciudad que seguía creciendo, por lo que en 1992 fue necesario complementarlo con el trasvase desde el río Almonte, en la cola del pantano de Alcántara, una infraestructura que hoy, con una población que supera los 90.000 habitantes, vuelve a ser insuficiente en periodos de sequía, y sobre todo teniendo en cuenta el crecimiento previsto de la ciudad.
Todos los datos anteriores son fruto del trabajo tanto de Francisco Plaza como del asesor técnico de la Alcaldía , Rafael Valiente, considerado uno de los mayores especialistas en el abastecimiento de agua de Cáceres gracias a varias décadas de experiencia en la materia. Ambos se han declarado contrarios al trasvase desde Portaje, cuya obra comienza hoy oficialmente.
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