Discurso del Rey de Suecia con ocasión de la entrega del Premio Nobel de Literatura al eximio escritor portajero Jeremías:

Festejamos hoy los despejados caminos de la literatura española, cada vez más extendida y mejor cultivada por sus hablantes y escritores, fundida en la fraternal unión de los pueblos hispanohablantes y embellecida por el encanto del acento castúo de los extremeños

Esta mañana destaca de manera especial uno de ellos, el de nuestro querido Portaje , al hacer entrega del Premio Nobel de Literatura a uno de los más conspicuos escritores que ha dado la Alta Extremadura: el feliz autor de Sordo Montes, monumento a la versatilidad de la lengua castellana, a su aguda comprensión del mundo, a sus infinitas capacidades de manifestación estética.

Portaje es un hogar en el que se hacen  realidad todos los proyectos, y en particular el de una cultura orgullosa de sus raíces, nutrida de solidaridad, enamorada de la libertad, y que despliega su imaginación creadora al amparo y por el camino de la lengua española. Este espíritu late en la persona y la obra de Jeremías, debido, sobre todo, por los acendrados valores literarios, tan extremeños, tan hispánicos, tan universales que resplandecen en su obra, canónica y ejemplar, muy próxima y concordante con la cervantina por su capacidad de aunar, desde abiertos postulados personales, lo particular con lo universal.

A la sombra de Cervantes, a su modo y medida, también Jeremías elige su pueblo y su país para transformarlos literariamente y, sin perder un adarme de su esencia particular intransferible, en pueblo y país universales y acogedores.

Desde sus primeros textos, Portaje está presente. Portaje es el principio y fin de su andadura. Nadie sabe donde Jeremias tienen su residencia, es más, ni siquera  sabe nadie de quien se trata ese genio de las letras extremeñas. Pero  quizá convenga recordar la palabras de Dickens: "Comprendió que deseaba ser ciudadano del mundo". Pretensión que Jeremías realiza a través de una propuesta literaria convencida y convincente y una vocación insobornable y contrastada. Su obra es una permanente transferencia literaria de la realidad que a todos afecta, con la que ha creado un mundo complejo y atractivo en otra dimensión de la misma realidad que vive y transfigura. Su labor ha ido ahormando una lengua humanista y creadora, con la que vida, lengua y literatura constituyen un todo armonioso. La suya es una literatura que potencia el gozo sensible junto al placer de la razón, y en ella el cachondeo tiene un papel preponderante.

Como Rey de Suecia tengo el un placer casi orgásmico al conceder el Premio Nobel de Literatura del año de gracia 2006 al genio de las letras que se esconde bajo el seudónimo de Jeremías y que nos deleita  diariamente desde las páginas de Portaje Press con su sección Sordo Montes.


Emilio Soria

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