GAS POBRE
Aproximadamente por el 1920 al 1930 abrió los ojos la industrialización utilizando la energía en movimiento, se necesitaba un elemento para producir la electricidad que cada día era más necesaria para mover el molino harinero, el de aceite, las serradoras...Para todo eso utilizábamos el GAS POBRE (que ya mencioné en el artículo anterior), ya existía el gas-oil, pero como no había medios de transporte nosotros nos inclinamos por el gas pobre, que lo teníamos en la puerta de casa, ya que es el producido por el carbón de leña.

Vamos a la ELABORACIÓN DEL CARBÓN. Esta labor la realizaban los carboneros, lo primero era tirar la leña de la encina (podarla), el guarda montaraz era el encargado del corte (capataz), los cortadores eran obreros especializados en manejar el hacha, solían hacer unos cortes perfectos en los leños gordos. Una vez la leña en el suelo se procedía a destarmar, operación que se realizaba con el mismo hacha separando los leños delgados de los leños gruesos. Con los leños más delgados (taramas) se hacía el picón. Los leños grandes ( de más de 30 centímetros de diámetro) eran tronzados con un sierro manejado por dos obreros, uno por cada lado, y después eran rachados con una cuña y una marra. ¡Era un trabajo muy pesado¡

Una vez troceada la leña, había que juntarla, operación que se hacía con un aparato que se llamaba narria, que consistía en un palo gajado en dos que iba a ras de tierra tirado por animales, con la narria era más fácil acarrear la leña. Una vez que estaba toda la leña junta había que montar la carbonera. Este trabajo no lo podía hacer cualquiera, se necesitaba una persona especializada. Primero ordenaba los leños de mayor a menor, desde el centro hacia fuera. La forma de la carbonera era circular, como una media naranja, ya montada la carbonera se cubría la leña con jaras, retamas, juncos, paja... y se tapaba todo con tierra. Entonces se prendía fuego por la parte de arriba, abriendo unos respiraderos (botones) aproximadamente por el medio de la carbonera. El fuego iba bajando buscando el oxígeno que entraba por los botones, cuando llegaba a éstos, se procedía a abrir otros en la parte baja llamados bujardas y se tapaban los primeros. De este modo se conseguía que la leña fuese ardiendo pero sin llama, lo que se denomina cocer la leña. Cuando había terminado se tapaban todos los respiraderos y se dejaba reposar cuatro o cinco días para que se enfriara y ya se podía sacar el carbón, que con mucho cuidado y trabajo se separaba la tierra del carbón. Una vez limpio se envasaba en sacos de argeo y más tarde de papel.

El carbonero tenía que estar 20 ó 30 días cuidando de la cocción pues la carbonera podía resquebrajarse e incluso hundirse y entonces había que meter leña para tapar el desperfecto, aparte de cuidar de que no saltaran chispas para que no ardiera el campo.

Así se hacía el carbón de encina, roble o alcornoque. También existía el carbón de brezo que se obtenía arrancando la cepa de la raíz de este arbusto. Se prendía fuego a las cepas y cuando estaba bien encendido, hecho ascuas, se enterraba con tierra, se dejaba apagar por asfixia (falta de oxígeno) y después se sacaba. El producto era cribado para sacarle la tierra. De los distintos carbones, el de brezo era el más idóneo para los motores de gas pobre ya que es el que más calorías produce, también era muy apreciado en las fraguas, pues con una corriente de aire producida por el fuelle era capaz de fundir el hierro.

Existe otro carbón que es el mineral, que se obtiene de las minas, sirve para grandes consumidores (fundiciones, calefacción, centrales térmicas...) pero este no es de nuestra tierra.
Aunque ya es un oficio desaparecido, en algunos pueblos, como Portaje, se hacen aún carboneras.  

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